
Allá vamos pues, ya
llegó el ansioso, pero temido, día, TRAIL CHIVA 2012 (61 km
D+3000). Son las 04:00 de la mañana y toca el despertador para
empezar a poner ritmo al día. Empieza el camino hacia Chiva.
Llegamos a las 06:30 a la salida, recogemos los dorsales y nos
preparamos todas las cosas para el pistoletazo de salida. Los nervios
empezaban a hacer de las suyas, pulsaciones por las nubes, la cabeza
no paraba de pensar y pensar en lo que venía...y mi cara, de susto
total, ¡estaba acojonado! A mi lado estaba, el Gran Sergio Alberola,
el cual veía que estaba como cualquier otro día, como si para él
fuera un entrenamiento (que grande eres Sergio, ya me gustaría algún
día conseguir la mitad de los retos que has conseguido); Rodri
Camino, un experimentado y fuera de serie de estas carreras, los
últimos entrenamientos fue tirando de mi para sacarme el máximo
partido en esta carrera, muchas gracias Rodri; y Tua Grande y Luis
(de Pedreguer). Allí estábamos los cinco pelados de frío, 4ºC
marcaba el termómetro, todos con nuestras térmicas y nuestros
cortavientos y pasa por al lado un chico con un pantalón corto, una
camiseta de tirantes, el frontal y su dorsal, ¡que loco!, ése fue
mi primer pensamiento, pero viendo el pódium allí estaba, había
ganado la carrera.
Siete en punto, PUM,
empezamos la carrera. Los primeros kilómetros son de asfalto, pero
en menos de mil metros empieza la primera subida, de noche y con el
frontal sólo se veía a 20 metros de ti, y aquello cada vez se
empinaba más. Cuando llegamos a la tierra el grupo ya iba muy
estirado, los de cabeza habían puesto un ritmo endiablado y cada uno
fuimos cogiendo el nuestro según las posibilidades, y el camino
empezó a estrecharse e hicimos una fila donde el de atrás seguía
los pasos del de delante. Poco a poco iba amaneciendo, otra
característica que hace increíbles estas carreras, con lo que
íbamos apagando los frontales, pero todavía seguíamos subiendo la
primera rampa. Al fin llegamos al final de esa rampa, primer reto
superado, !sólo me quedan seis!. Después de una bajada muy
divertida, que te permitía ir bastante rápido, llegamos al primer
avituallamiento. No tenía nada de hambre, pero uno de los primeros
consejos que me dieron es que comiera sin hambre, que siempre picara
algo, por lo que cogí un plátano y membrillo y seguí al lío.
Entre sendas y caminos subí dos picos más y me planté en el km 23,
donde estaba el tercer avituallamiento, y donde nos compadecían por
los dos picos que venían seguidos, los más duros de la carrera,
decían: “ahora viene lo divertido chavales”. ¿que puedes pensar
cuando te dicen algo así?. En la primera subida llegábamos a los
950 de altitud. Cuando salí del avituallamiento, al cabo de unos
minutos, vi una caseta en lo alto de una montaña a lo lejos, y
pensé, ¿quien puede vivir ahí arriba?, cuando de repente vi que
por allí iban los corredores, “¿hasta allí arriba? Qué locura”
pensé. Después de esa subida con un +37% de desnivel, nos tocaba
bajar de nuevo para atacar la siguiente gran montaña, con la que
subiríamos a 1030 metros de altitud. Pero antes de empezar a subir
llegamos al cuarto avituallamiento, donde cogí un sandwich y un
aquarius y me tiré en una roca a “almorzar”, creo que me lo
había ganado. Una vez llegué a la cima, pasé el control del km 37
en 5h 15min. A partir de aquí toca bajar, y sólo me quedan dos
picos, pero ¡24km!. Hasta aquí las piernas iban bien, pero al
terminar la bajada en el km 42,5 y empezar a subir las piernas
empezaron a pedirme PARAR PARAR PARAR. Los dolores ya eran en las
rodillas, las plantas de los pies, cuádriceps...A partir de aquí
fue una carrera contra el dolor, las cuestas hacia arriba eran
andando, y hacia abajo con pasitos cortos y frenando como se podía,
las piernas ya no respondían igual y empezaron los tropezones y
golpes con piedras, arrancándome la uña gorda del pié derecho,
otro dolor más añadido. Pero con la mente puesta en el dolor, dolor
y dolor, fueron pasando los km, hasta llegar al penúltimo
avituallamiento, km49, donde comí un par de sandwich y membrillo. La
gente de allí ya nos animaba diciendo que ya estábamos ahí, que no
quedaba nada, un repechito y para casa. Al fin, ya estábamos cerca,
mi gloria estaba a punto de llegar. Pero nada más lejos de la
realidad. Cuando llegamos a ese “repechito” que decían en el
avituallamiento, en el km 52,5-53, había un cartel al inicio que
ponía: “cuesta +50% (45º)”, y miré hacia arriba y de
“repechito” no tenía nada, eran 1,5-2 km al 50%, lo que para las
piernas después de 53 km era como pasarles con una apisonadora por
encima. Pero ya se acababa, último respiro y conseguido, y después
de casi una hora desde que empecé a subir ese “repechito”
entraba en meta, con la gente aplaudiéndote y saludándote, ése fue
el mejor minuto de gloria después de 8 horas y 55 minutos.

